Disciplina física y mental
Jigorō Kanō estudió distintas escuelas tradicionales de jiu-jitsu, un conjunto de técnicas de combate cuerpo a cuerpo. A partir de esos conocimientos desarrolló un método propio que reducía las técnicas peligrosas y otorgaba mayor importancia a la educación física, mental y moral.
En 1882 fundó el Kodokan, institución que se convirtió en el centro de difusión del judo. Su propuesta no consistía simplemente en crear una disciplina eficaz para vencer a un adversario: pretendía formar personas capaces de controlar sus impulsos, respetar a los demás y contribuir al bienestar colectivo.
Su influencia también trascendió el tatami. Kanō fue el primer representante japonés en el Comité Olímpico Internacional, al que se incorporó en 1909, y trabajó durante décadas en favor de la educación física y el desarrollo del deporte.
La filosofía de ceder para vencer
Una de las ideas más conocidas del judo consiste en no responder a la fuerza con fuerza cuando existe una alternativa más eficiente. En lugar de enfrentarse directamente al impulso del adversario, el judoca aprende a reconocer su dirección, conservar el equilibrio y aprovechar el movimiento para desequilibrarlo.

Si el oponente empuja, por ejemplo, una resistencia frontal puede exigir un esfuerzo enorme. El judoca entrenado busca adaptarse a ese impulso, modificar su posición y utilizar el desplazamiento del rival para ejecutar una proyección. Si el adversario tira de él, puede aprovechar también ese movimiento, siempre que la situación técnica lo permita.
No obstante, no se trata de permanecer pasivo ni de dejarse vencer. La clave consiste en evitar el choque innecesario, actuar en el momento oportuno y utilizar la energía con inteligencia. El principio de adaptación, conocido como ju, da nombre a la disciplina: judo significa, en una traducción aproximada, «camino de la flexibilidad» o «camino de la suavidad».
El Sensei Kanō amplió esa idea mediante el principio Seiryoku Zenyo , que propone el mejor aprovechamiento de la energía física y mental. La victoria, desde esta perspectiva, no depende únicamente de la fuerza muscular, sino de la técnica, el equilibrio, la percepción y la capacidad de tomar decisiones acertadas.
Más que vencer al adversario
El pensamiento de Kanō se resume también en otra máxima: Jita Kyoei , traducida habitualmente como «prosperidad y beneficio mutuos». El entrenamiento debe contribuir al desarrollo de quien lo practica y, al mismo tiempo, fomentar el respeto y la cooperación con los demás.
Por eso, el saludo antes y después del combate no es un gesto ornamental. Representa el reconocimiento del compañero como parte esencial del aprendizaje. Sin un adversario que permita practicar, corregir errores y perfeccionar la técnica, el progreso sería imposible.

En el dojo, el judoca aprende a aceptar la derrota, controlar la frustración, respetar las reglas y perseverar ante las dificultades. Esas enseñanzas pueden trasladarse a otros ámbitos de la vida: escuchar antes de reaccionar, evitar confrontaciones improductivas y buscar soluciones que no dependan exclusivamente de imponer la propia voluntad.
El judo no elimina la competencia ni renuncia al deseo de ganar. Lo que propone es que la victoria tenga sentido dentro de una formación más amplia, en la que también importen la conducta y el respeto.
Al escenario olímpico
El judo se incorporó al programa de los Juegos Olímpicos en Tokio 1964, aunque no formó parte de la edición de México 1968. Desde Múnich 1972 quedó establecido de manera permanente en el programa olímpico masculino; la competición femenina se incorporó oficialmente en Barcelona 1992.
Con el paso del tiempo, la disciplina se extendió por los cinco continentes y desarrolló un sistema internacional de categorías, reglamentos y competiciones. Su evolución deportiva no ha eliminado su dimensión educativa, que continúa presente en la formación de niños, jóvenes y adultos.

La práctica combina proyecciones, inmovilizaciones y técnicas de control, además de ejercicios de preparación física y aprendizaje técnico. La seguridad depende de la enseñanza correcta de las caídas, del respeto por las reglas y de una progresión adecuada al nivel de cada practicante.
El Día Mundial del Judo 2026: pertenencia
La Federación Internacional de Judo ha elegido «Pertenencia» como tema de la celebración de 2026. La iniciativa destaca la importancia de crear espacios donde cada practicante se sienta aceptado, respetado y parte de una comunidad, independientemente de su edad, capacidades o procedencia.
El mensaje conecta con la visión original de Jigorō Kanō: el dojo no debe ser únicamente un lugar para perfeccionar técnicas, sino también un entorno de convivencia, aprendizaje y crecimiento compartido. Fortalecer los valores de convivencia y fraternidad desde los pies descalzos sobre el tatami.
A 166 años del nacimiento de su fundador, el judo conserva una enseñanza que trasciende los límites del deporte: la verdadera fortaleza no consiste siempre en oponer resistencia, sino en comprender la situación, administrar la propia energía y actuar con inteligencia. Una filosofía que, dentro del dojo y fuera de él, invita a transformar la fuerza en conocimiento y la competencia en una oportunidad para mejorar.
Con información e imágenes de:
Federación Internacional de Judo
World Judo Federation
Unión Europea de Judo